Reescribiendo la Salsa

Hace un buen tiempo que vengo reflexionando acerca de la escritura de la Salsa. Si bien el principio fundamental de la escritura musical busca facilitar la lectura del intérprete, la misma debe también ayudar a entender, en su justa estructura, a cada estilo musical. Y para el caso de este importante estilo, la escritura occidentalizada en 4/4 o 2/2, desde nuestro humilde punto de vista, no le hace justicia.

Aunque todavía me encuentro desarrollando una idea-propuesta al respecto, quisiera compartir con ustedes las que, a modo de exploración, vengo trabajando.

En primer lugar consideremos el patrón principal de la clave como la marcación de los tiempos reales de la salsa. Con ello planteamos 4 tiempos de duraciones distinas (salvo el primero y segundo que son iguales) en el que:

  • El tiempo 1 tiene 3 corcheas
  • El tiempo 2 tiene 3 corcheas
  • El tiempo 3 tiene 6 corcheas
  • El tiempo 4 tiene 4 corcheas

Con ello las unidades de tiempo serían:

  • Tiempo uno: Negra con puntillo
  • Tiempo dos: Negra con puntillo
  • Tiempo tres: Blanca con puntillo
  • Tiempo cuatro: Blanca

En donde las condiciones son:

a) Las corcheas tienen igual duración, y
b) Los acentos van en la primera corchea de los 3 primeros tiempos y el cuarto tiempo es débil.

Como ejemplo les propongo leer: Propuesta Salsa 2-1

¿Parece enredado?

Los invito a hacer la prueba de leer la siguiente partitura escuchando la canción:



Escúchenla un par de veces siguiendo la línea vocal y un par de veces oyendo con más atención lo instrumental (el bajo por ejemplo) y cómo todo se enlaza.

Les garantizo que es mucho más sencillo y lógico de seguir y entender.

Por favor, los invito a comentar sus puntos de vista sobre esta propuesta exploratoria; en especial de los profesionales en el estilo.

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“Nada hay tan poderoso como el ritmo”

En esta ocasión compartimos con ustedes unas reflexiones acerca del ritmo realizados por nuestro querido amigo y distinguido músico: Pancho Vallejos desde su cuenta de Facebook:
“Todo lo que existe tiene ritmo, desde los movimientos de los planetas hasta las partículas más ínfimas del mundo, y vivimos por el ritmo de la inspiración y de la expiración así como el ritmo del día y de la noche. El ritmo nos ordena, nos da vida, lo tenemos desde que funciona nuestro corazón. “Las formas superiores del ritmo – espirituales e intelectuales – se cumple a través de la propia vida y de una práctica basada en el instinto”, como también de una educación. Significa, el lenguaje de la vida en forma viva.


Para buscar el ritmo hay que oír y escuchar. Cuando el ritmo es exacto lo sientes con todos tus sentidos. Te invade una especie de confianza cuando te dejas llevar por el ritmo. Pero también hay que controlarlo. Se aprende haciendo ritmo. En el hacer se aprenderá progresivamente la técnica y la interpretación como la improvisación. Además, sensibiliza la memoria, la audición, el pensamiento, mejora la concentración y ayuda al desarrollo biopsicomotor. El ritmo desarrolla un sentimiento social, colectivo, personal y disciplinado.


“El ritmo como portador de fuertes impulsos síquicos y físicos hace pasar a un segundo plano procesos mentales discordes produciendo relajación en la persona” y no existe forma única de iniciar la enseñanza del ritmo. Es importante comenzar bien nada más.”

Publicado con autorización de su autor y citado en el primer párrafo de esta publicación.


El músico y su oído: 3 consejos básicos

Todos conocemos la famosa frase “escucha antes de hablar”. En la práctica, muchos conflictos o discusiones entre nuestros similares se deben a malentendidos por no tomar el tiempo necesario de escuchar al otro o, por el contrario, no ser escuchados. Esto ha trascendido en todos los ámbitos sociales; es común ver políticos o famosos gritando a pleno pulmón en debates televisivos, soportar las bocinas sonando desesperadas en el tráfico, vivir en medio del ansia colectiva de estallar en lugar de entender. En medio de una sociedad tan diversa, ágil y caótica, el simple hecho de escuchar se ha convertido en un arte, privilegio de quienes saben hacerlo.

1.- Tu amigo, el oído.

Es interesante saber que el oído es el primero de los 5 sentidos que el ser humano desarrolla antes de nacer. Oír antes que hablar se establece como una jerarquía tanto social como anatómica. Y, por supuesto, también se aplica en el ámbito musical. En el desarrollo artístico de un músico es vital aprender a usar el oído porque ésta será su principal herramienta durante su carrera. Sea un cantante que usa sus cuerdas vocales o un pianista que usa sus manos, a todos los miembros de un ensamble los une un denominador común, el oído. Si está bien entrenado, será el instrumento más objetivo de la banda.

2.- Escucha antes de tocar

Un error muy común en músicos principiantes al momento de tocar repertorio nuevo es que no se detienen a escuchar al menos una pasada de toda la pieza. Lanzar acordes sueltos o los patrones correctos en medio de alguna canción sin conocerla en su totalidad quizá llegue a sonar convincente, mas no profesional. ¿Por qué? Porque tocar una secuencia de acordes o ritmos es algo que cualquier amateur puede hacer. Sin embargo, entender la interacción entre todos los elementos de una canción, identificar sus funciones específicas y conducir su propio instrumento hasta lograr un sonido que lo identifique o que encaje con el grupo sólo lo logra el artista que se escucha a sí mismo y, con la misma dedicación, a los demás.

3.- No sólo es un sonido, es una intención

Este punto es el resultado del anterior, es distinto saber cómo suena un elemento en una canción a reconocer su función dentro de ese contexto. Al igual que en una conversación donde hay un intercambio de información entre dos o más personas, en la música los instrumentos conversan bajo un rol específico. Por ejemplo, el cantante no sólo entona notas, sino cumple con la función de trasmitir un mensaje o una emoción. Por su parte, la batería no sólo marca el ritmo, sino dependiendo de la canción, trasmite energía o calma. Entender la intención de cada artista a través de su sonido, como de cada participante en una conversación, se logra gracias a la atención prestada por el oír. Como reflexión, hay un beneficio mayor al escuchar las máximas referencias posibles y abrir espacios para un resultado más productivo. Si hay alguien que debe ejercer con maestría el arte de escuchar en un mundo lleno de ruidos estridentes o bocinas ansiosas, es el músico.